Esta obra está realizada en acuarela sobre papel en formato A4.
La inspiración está en una fotografía que vi de un gato y su dueña que lo estaba acariciando.
Se que hay gente a la que no les gustan los gatos y prefieren los perros como mascotas y otros que son al contrario. A mi me gustan tanto los perros como los gatos y creo que no son comparables y que cada uno aporta en la convivencia distintas cosas. Por supuesto, ni que decir tiene que cada gato o perro, como ocurre con las personas, son únicos y diferentes porque tienen su propia personalidad.
Con este post quiero hacer aquí un homenaje a esos 4 gatos que tuvimos en mi familia y, en general, a todas las mascotas que pasaron por nuestras vidas porque de todas aprendimos algo y porque compartieron nuestras andanzas durante esos años de niñez, juventud y madurez.
El primer gato que tuvimos se llamaba “Fiambre”. El nombre no era muy halagüeño y se lo pusimos porque no teníamos muchas esperanzas de que sobreviviera cuando lo encontramos desnutrido. Era una cría recién nacida que aún tenía los ojos cerrados y que había sido abandonada por su madre, seguramente en alguno de esos traslados que hacen de crías (porque como las gatas no saben contar, de vez en cuando alguno queda olvidado en esos cambios de sitio que realizan para protegerlos). Milagrosamente conseguimos que saliera adelante. Recuerdo que mientras aún era muy pequeño y casi no sabía andar, mi hermana y yo nos turnábamos para llevarlo en una bandolera de tela mullidita para que no se sintiera solo y no llorara. Por desgracia murió joven al caer de un árbol.
Los tres siguientes llegaron casi a la vez. La primera en llegar fue la gata negra “Nista, la alpinista”. Le pusimos el nombre porque cuando llegó estaba un tanto asalvajada y solía trepar por las paredes. Mi hermana decidió quedarse con ella porque la familia que la tenía se estaban planteando abandonarla porque era una gata bastante salvaje. Al principio, era difícil tratarla pero con el tiempo, y a base de cogerla, acariciarla,… terminó volviéndose una gata dócil, aunque siempre conservó cierto carácter.
La última en entrar en el grupo gatuno fue “Atila”.Le pusimos ese nombre porque, como el personaje histórico, por donde pasaba no crecía la hierba de lo bruta que era. Esta llegó con una diferencia de dos meses respecto a los otros y le costó más adaptarse porque intentaba disputar el poder a Nista, pero al final, dado que esta última era mas decidida y tenía más carácter, todos los intentos de Atila por ser la jefa fracasaron. Atila era una gata blanca y negra de buenas hechuras y con una mancha negra en la espalda que asemejaba un perro sentado de espaldas. Llegó a nuestra casa después de que mi hermana la salvara de unos muchachos bárbaros que le habían tirado piedras y le habían herido un ojo, lo que hizo que perdiera algo de visión por él.
Juntos, a pesar de sus distintas personalidades y carácter, aprendieron a convivir en paz hasta que murieron cuando contaban unos 14 años. Nos dieron afecto y momentos divertidos porque, si algo tienen los gatos, es que son osados, muy curiosos y juguetones, así que hacían “jaimitadas” cada cierto tiempo que te ponían una sonrisa. Los vi morir y fueron momentos muy tristes. Los echo de menos y siempre estarán en mi recuerdo.
Gracias por leerme y nos vemos en el siguiente post.







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