Hace años, paseando por la zona vieja de mi ciudad me adentré por error en la calle donde había locales dedicados a la prostitución. Era de día, pero aún así había mujeres sentadas en los portales esperando futuros clientes. Mientras salía lo más rápido posible de la zona, porque los hombres que andaban por allí te miraban de arriba a abajo y te hacían sentir muy incomoda, iba pensando en lo triste que debe ser tener que vender tu cuerpo a cualquiera que tenga unos cuantos billetes. Lo difícil que debe ser mantener la dignidad, la entereza, la esperanza,...cuando estás metida en ese ambiente decadente, donde te has convertido en un pedazo de carne, en una muñeca sin sentimientos para que otros puedan satisfacer sus instintos y deseos.
Y no, no hablo de personas que han escogido esta profesión por deseo propio y de forma libre, sino de aquellas mujeres que por distintas razones (mantener a los hijos, sufrir de adicciones, ser obligadas por proxenetas, …) han terminado metidas en ese mundo.
Por eso, a raíz de esa experiencia escribí en 2005 un poema llamado “Piel de serpiente” en donde imaginaba a la protagonista deshaciéndose cada mañana de esa piel sobada por los clientes, como si fuera una serpiente, y surgiendo cada amanecer con una nueva piel que le devuelva la dignidad de ser humano que de noche le roban al convertirla en un objeto.
PIEL DE SERPIENTE
Olvido los jadeos
Oleadas indistintas
Camino erguida,
Gracias por leerme y nos vemos en la siguiente

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